Los desafíos 2022 de la música independiente

Por Utzu García

Qué duda cabe que la pandemia puso en evidencia la precariedad del rubro de la cultura. No se trata solo de las remuneraciones, sino también la seguridad social, la solidez de las estructuras institucionales, el apoyo estatal y la organización misma de los actores que integran la actividad cultural.

Los recintos para el desarrollo de espectáculos fueron los primeros en verse afectados, debido a los aforos y, tal como se presumía, fue prácticamente el último sector en vivir la reactivación. El nulo apoyo del Ministerio de las Culturas, en particular de su cuestionada líder, Consuelo Valdés Chadwick, solo agudizó una crisis durísima, en donde los trabajadores de la cultura debieron hacer malabares para subsistir.

Y esto no sólo lo sufrieron los artistas emergentes o de menor renombre. Conocimos testimonios de artistas consolidados y masivos que no la pasaron nada de bien, en especial los miembros de sus equipos quienes, al verse sin trabajo, debieron salir a buscar otras alternativas, muchas veces arriesgándose a ser fiscalizados y penalizados por las fuertes medidas sanitarias impuestas por el gobierno.

En ese sentido y, también pensando en el futuro. Diversos actores vinculados a la industria han dado pasos importantes hacia la visibilización del rubro y su crecimiento como actividad económica. El mejor ejemplo es RAM (Red de Asociaciones Musicales) integradas por los sectores fonográficos, de gestión colectiva de derechos, producción de eventos, managers, entre otros, en donde los grandes ausentes para dar el gran paso son los propios músicos, quienes son el corazón de esta industria.

Han surgido diversas agrupaciones, de las más diversas figuras legales, buscando a través de la gestión mancomunada los espacios necesarios para generar un motor de desarrollo más amplio. Sin embargo, la atomización de estos movimientos, los recelos entre estar organizaciones e incluso al interior, muestras al sector de los músicos como el más débil de cara a los desafíos que se vienen.

En ese sentido, es necesario que éstas agrupaciones y organizaciones de músicos den un próximo gran paso hacia la unificación de criterios y así dar una batalla que será difícil pero, cada uno por su lado, se podría dar fácilmente por perdida. La ministra Valdés se jugó una carta arriesgada al señalar que había cosas más importantes en las cuales gastar-invertir en plena crisis sanitaria, sin importarle si sus palabras humillan o dañan. Resulta que ese tipo de discursos todavía calan en un sector de la población que sigue viendo la actividad como un hobby que se confecciona por generación espontánea.

El primer desafío de los músicos es unirse y sumar a las acciones colectivas que buscan velar por el crecimiento de la industria musical. El siguiente es conectar la cultura con la ciudadanía para, de una vez, lograr que el país entienda que su principal riqueza y potencial reside en su identidad, personificada siempre en la manifestación de su cultura.

El futuro puede ser muy positivo, si nos jugamos bien las cartas.

Editorial, Opinión

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